Tinta Sangre

Tinta Sangre

Los poetas no nacieron para ser mártires, sino, todos serían santos; sin embargo, se ha alojado un mito muy peculiar entorno a ellos. Antiguamente se creía que ninguna profesión u oficio se podía aprender, sino que se nacía con una especie de don, talento o similar; que determinaría el destino del individuo en cuestión.

Así pues, que los oráculos, las cartas o la fortuna dedicaban suerte a los nacidos. Otra situación peculiar, era que los talentos se heredaban (mito que al día de hoy prevalece), gustos afines a los padres, eran heredados a los hijos y éstos a sus hijos y asi sucesivamente; de manera que había familias que ejercían la misma profesión u oficio por varias generaciones; excluyendo así, el conocimiento de la medicina, la legislación y muchas otras áreas, únicamente a un grupo de personas o familias, valorizándolas como herencias.

Otra manera de adquirir conocimientos o técnicas, fue a través del apadrinamiento o los discípulos, ésto es mucho más antiguo, pues se reconoce ésta transmisión de conocimiento por parte de los antiguos griegos y como prueba de ello, están los filósofos o el propio Cristo, que enseñaba a base de metáforas e interpretaciones de la realidad con sensibilidad de poeta, para que sus discípulos aprendiesen con el ejemplo. 

Pero los poetas, siempre fueron un grupo menospreciado, poco valorado y por lo tanto, por mucho que algunos jóvenes resultaran sensibles o habilidosos para la poesía, si nacían en familia de doctores, abogados, comerciantes o contadores; debían seguir con la herencia familiar.

Es posible que muchos poetas hayan sido encadenados a las tradiciones del conservadurismo y aquellos valientes que se rebelaron, llevaron consigo una serie de desdichas o tragedias a las que enfrentaron. 

Y sea talento nato, habilidad, pasión desenfrenada a las letras o cualquier otra razón, no hay una fórmula para ser poeta, ni sentencia que impida a nadie convertirse en uno. Así que, la idea de que es necesario someterse a situaciones traumáticas, tristeza en exceso o vivir trágicamente para poder sensibilizar el alma es un mito del que los poetas deben liberarse.

Usar la poesía como terapia para lidiar con situaciones complicadas, es una gran idea; pero someterse a propósito para convertirse en poeta no es necesario. La sensibilidad y la madurez, la disciplina y el estilo de cada uno se define al paso del tiempo; se consigue a pesar de las dificultades, no gracias a ellas.

Pero debido a la explotación excesiva, naturalizada como un acto de valentía, donde los hombres viven encadenados a miles de cosas, vendiendo y comprando; consumiendo, absorbiendo, exprimiendo todo y no conformes con ello, demandan cada vez más con cosas “nuevas”, alternando entre lo ya conocido en embaces de novedades.

Constantemente caemos en la desesperanza, en éste lugar, que cuando ya no tenemos nada más, le damos precio a lo invendible; porque sabemos que siempre habrá quien lo pueda pagar. Y ofrecemos el alma, la razón y el propio sufrimiento en empaques de talento o mitos que sobreexplotan a los ya desgastados, para que no quede nada de ellos.

Considero que los excesos nos han lanzado a creer que es necesario perecer, creo con más fuerza que lo ideal sería, que todos alcancemos la sensibilidad, la empatía y la belleza en las cosas porque es parte de nosotros, no porque no logramos alcanzarlas; que los nuevos poetas vengan completos, que resanen sus heridas, en vez de colocarse una corona de espinas para extraer tinta y con ellas escribir lo que les aqueja.

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