Sexo sin compromiso

Sexo sin compromiso


¿Amor liquido o liquidado?

¿Eres o conoces algún Derrochador en la búsqueda de oportunidades más atractivas y, al mismo tiempo, temeroso de establecer lazos fuertes?

Zygmunt Bauman en una llamada de atención acerca del preocupante desmoronamiento de la solidaridad en una sociedad cada vez más individualizada, decidió observar y analizar acerca de las peculiaridades del amor y la sexualidad en nuestros días dentro de la fragilidad de los vínculos amorosos.

Califica nuestra sociedad como líquida y menciona lo siguiente

“Hoy la mayor preocupación de nuestra vida social e individual es cómo prevenir que las cosas se queden fijas, que sean tan sólidas que no puedan cambiar en el futuro.”Zygmunt Bauman.

¿Te suena?

Llevemoslo al día a día, no queremos quedarnos con el mismo dispositivo móvil para siempre, o con el mismo diseño de ropa, el mismo puesto de trabajo, e inclusive en algunas ocasiones los mismos amigos o pareja.

Encontramos cada vez nuevos modelos de dispositivos, diseños más cómodos y bonitos en ropa, el puesto laboral actual ya no da el ingreso suficiente referente a los gastos que tenemos, y logramos encontrar personas cada vez más afines a nuestro pensar y sentir conforme pasa el tiempo, en resumen cada vez buscamos más y más, y así mismo cada vez buscamos anclarnos menos con lo que ya tenemos.

Pero Jair, la vida nos obliga a estar en constante cambio, no es mi culpa el estar forzado a cambiar.

Claro, Estamos acostumbrados a un tiempo veloz, seguros de que las cosas no van a durar mucho, de que van a aparecer nuevas oportunidades que van a devaluar las existentes. Y como ya mencioné sucede en todos los aspectos de la vida. Con los objetos materiales y con las relaciones con la gente. Y con la propia relación que tenemos con nosotros mismos, cómo nos evaluamos, qué imagen tenemos de nuestra persona, qué ambición permitimos que nos guíe.

Todo cambia de un momento a otro, somos conscientes de que somos cambiables y por lo tanto tenemos miedo de fijar nada para siempre. Pero… ¿Realmente nos obliga a cambiar tan abruptamente cosas como nuestros lazos sentimentales? ¿Estar alertas en todo momento para tener una mejor opción de mejor amigo?, o ¿una pareja más afín a mis nuevas y forzadas necesidades?

La vida, el movimiento, la sociedad, economía, gobiernos, etc. Nos fuerzan a ser flexibles, no a tener un consumo masivo derivado de la globalización, ni mucho menos a tener respaldo o refacciones para los vínculos afectivos.

 Y en este punto tan delgado recae lo más importante, ¿estoy siendo flexible o estoy cayendo de más?.

Estoy agrandando mi círculo social o buscando nuevos individuos para dejar atrás alguno que ya no son de utilidad.

Estoy buscando un buen consejo sobre mi relación actual en una persona que concuerda con mi pensar o moldeando y creando afinidades con el futuro reemplazo de mi pareja actual. 

Creando así las “relaciones de bolsillo” estas son relaciones que uno se guarda sin cultivarlas a diario, sólo para sacarlas cuando hace falta.

¿Ya te suena o te la repito?

Sexo sin compromiso, amor de una noche, amigos con derechos, un contacto guardado en Tinder o Grinder, etc. “relaciones de bolsillo”, relaciones que uno se guarda y sólo saca cuando hace falta. 

En este punto conviene no olvidar, que el objetivo final de Bauman es dilucidar o resolver cómo la urgencia consumista, al permear todas las esferas de nuestra existencia, distorsiona igualmente el terreno de los afectos, forzándonos a pensar las relaciones en términos de costes y beneficios.

Por renombrar un ejemplo destacado, podría mencionar el tema de la gran novela de Goethe, Las afinidades electivas, que exploró cómo la extraña química del deseo impulsaba a algunas parejas a disolver sus pasados firmes lazos amorosos y a entablar nuevas relaciones.

Esto es verdaderamente lo que preocupa a Bauman: lo que se esconde tras tanta fluidez e inconstancia. No el que nuestros deseos fluctúen o el que vivamos varias historias de amor, sino más bien el que todas esas vidas e historias posean el carácter de simulacros, de “vidas desperdiciadas” también, al fin y al cabo como las de otros órganos de la modernidad, porque en ningún caso estamos dispuestos a asumir un compromiso duradero. 

Aquí radica el punto doliente de los amores líquidos del presente, en el hecho de que el arte de romper las relaciones y salir ileso de ellas supere ampliamente al arte de componer las relaciones, según se aprecia en las páginas de tantas revistas del corazón o en las recetas de tantos gabinetes de autoayuda, que nos adiestran sobre el nuevo espíritu de los vínculos afectivos. Simplemente se trata de aprender a preservarnos, como consumidores de otros que no quieren gastarse a sí mismos.

Entonces ¿qué podríamos hacer o esperar sabiendo esto?

La angustia de sentirnos superfluos, inútiles y rechazados debería incitarnos a una búsqueda más humilde y solidaria del abrazo humano.

Sin embargo el ser humano moderno que todo lo valora en términos de rendimiento y beneficio, ha distorsionado por completo ese precepto fundante de toda civilización que exige amar al prójimo.

Dejemos de ser temerosos de ser consumidos y luego arrojados a la basura, de resguardar tras los muros de la privacidad y procura que nada, ni siquiera el amor, te altere y te haga sentir extraño,  evitando el destino final de los desechados.

Ahora ya sabes porque a veces piensas o sientes impulsos de cambiar ciertas cuestiones, personas o sentimientos de tu vida. Y la importancia de ello es que no seas un espectador de tu vida, sino el actor de ella.

Llegamos al final de este capítulo, ¿Charlamos?… Tu mente y yo.

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¿Qué piensas acerca del amor liquido de Bauman? Déjalo en los comentarios.

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Soy Jair Hernandez y  charlamos a la próxima…

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