¿Por qué odiamos los musicales?

¿Por qué odiamos los musicales?

¿Qué tienen en común High School Musical, La la Land y Mamma Mia? Pues que las tres son musicales.  ¿T de Troy?, no. T de tenemos que hablar del desprecio a estas cintas llenas de letras forzadas a rimar, raras situaciones con más de 60 bailarines, pero sobre todo que explotan de música.

Siendo honestos solo tienes de dos, o los amas o los odias. ¿Tú de qué lado estas? Debo decir que a mí me agradan, los disfruto mucho, porque combinan dos de las cosas que más me gustan, el cine y la música. Pero hay muchas personas que se aburren, se quejan de lo mucho que cantan, que son muy dramáticos o melosos, y esto es porque tienen malos gustos. Aquí no vinimos a juzgar, sino a averiguar por qué.

México no es un país que se defina como un gran fan de los musicales, en especial, porque es uno de los géneros más rezagados en cuanto a producción en nuestro territorio, las razones van desde que este tipo de producciones son muy costosas, debido a los ensayos, las coreografías y básicamente por todo lo hay detrás, lo que provocó que México no adquiriera un gusto temprano por los musicales al estilo Broadway, como nuestro país vecino, que los explotó hasta al cansancio. Sino que, durante la época de oro del cine mexicano, los musicales lograron colarse, sí, pero muy a nuestro estilo. Solo que actualmente el cine comercial opta por otro tipo de historias, sumado al hecho de que se le tiene muy poca fe a las producciones nacionales, pero vayamos por partes.

¿Qué son los musicales? Sabemos que el cine y la música se unieron en matrimonio oficialmente en el año de 1927 con The Jazz Singer, considerada la primera película sonora de la historia. Pero antes de eso, ya tenían sus encuentros, ya que las películas no eran mudas en su totalidad, pues venían acompañas de música en vivo, regularmente un piano que ayudaba con la narrativa de la historia.  Al modernizarse lograron que la música ya estuviera integrada en las cintas, y es que estamos hablando de una de las herramientas más importantes que influye en los espectadores, ya que por medio de ella se transmiten emociones.

justo como lo dijo uno de los mejores compositores, Bernanrd Hermann:

La música debe suplantar lo que los actores no alcanzan a decir, puede dar a entender sus sentimientos, y debe aportar lo que las palabras no son capaces de expresar”.

De esta forma, estamos tan acostumbrados a ser guiados por la música, que muchas veces casi pasa desapercibida y en cuanto ella se convierte también en protagonista, bueno, algunos no saben apreciarlo. Y esto puede deberse a que México no sigue la fórmula de los rimbombantes espectáculos, ya que no vivió esa transición de Broadway al cine.

Los inicios del teatro musical en Broadway van desde el año 1800, cuando la ya muy mencionada avenida de NY estaba comenzando con la construcción de sus famosos teatros. Después cuando el cine mudo estaba siendo suplantado por el sonoro, las grandes productoras de esos tiempos, caían en cuenta que muchos de sus actores y actrices no tenían las grandes voces, por lo que buscaron en Broadway nuevos talentos, dando lugar a clásicos como El mago de Oz (1939), Cantando bajo la lluvia (1952) West Side Story (1961), entre muchos más. Pero el primer gran musical fue La Melodía de Broadway (1929) dirigida por Harry Beaumont, ganadora de un Óscar a mejor película. Y como en esos años, apenas se estaba explorando el cine, pues no había muchos movimientos de cámara, básicamente era como si se hubiera grabado un show de Broadway pero con la magia del cine.

La máquina de los sueños iba en ascenso y encontró en los musicales buenas ganancias que, gracias a sus letras pegadizas y carismáticos personajes, aportaban un escape de la realidad, para entrar en un mundo mucho más fantasioso y pomposo. Hasta que chocaron con el mundo real, donde hay deudas, crisis económicas y guerras. Sin embargo, México no se las vio tan mal ya que nuestro cine no se detenía, muy al contrario, comienza sus mejores años.

En 1932 llego una de las cintas más emblemáticas del país, inaugurada como la primera película sonora mexicana que estrenaba la técnica del sonido directo proporcionada por los hermanos Joselito y Roberto Rodríguez. Estoy hablando de Santa protagonizada por Lupita Tovar y basada en la novela homónima del escritor mexicano Federico Gamboa, que narra la historia de una bella mujer que, a causa de una traición amorosa se ve forzada a prostituirse.

Algo fuerte para la época, pero que se vio suavizada con la música de Agustín Lara, haciendo de la cinta un éxito en taquilla. De este modo vemos uno de los primeros musicales o al menos un acercamiento, ya que la esencia de México está en los boleros, en el mariachi y en las rancheras. No vemos un súper espectáculo con muchos bailarines, sino un número musical más tranquilo, romántico que puede dejarnos en claro de las intenciones de los personajes pero que no se involucra mucho con la trama original, por eso no lo cuentan tanto como un musical ya que generalmente en estos se presentan elaborados números musicales, que se apoyan en la letra de sus canciones para cimentar la historia, no solo nos guían conforme la armonía, sino que en las letras se hallan los sentimientos, sueños o pensamientos de nuestros personajes, contagiando así al espectador. En cambio, las cintas mexicanas usan más la música como un plus, muchas veces no afecta, ni agrega nada a la trama, solo está ahí para cautivar al público y por lo mismo cuando vemos un musical gringo, se nos hace demasiado.

Este tipo de breves cuadros musicales se volvieron muy populares en nuestro cine, tanto que hasta tienen a sus protagonistas favoritos como Jorge Negrete y Pedro Infante.Todos recordamos su dueto con Luis Aguilar en la cinta A Toda Máquina (1951), una comedia musical que hizo que se reconocieran a los motociclistas acróbatas de México en todo el mundo.

Y con los años se fueron agregando más estrellas a la lista del cine musical como Germán Valdés Tin Tán, Viruta y Capulina, Hilda Aguirre, Enrique Guzmán, Angélica María, entre muchas más. Porque otra cosa que pasó es se usaba al cine como publicidad para también vender discos, pero para eso nos adelantaremos un poco en el tiempo hasta que llegar a la década de los 80, cuando los videos musicales estaban en pleno auge y las celebridades invadían la pantalla grande protagonizando historias donde casualmente interpretaban las canciones de su nuevo disco, aunque no a todos se les daba la actuación. Los artistas van desde José José, Juan Gabriel, Lupita D’Alessio, Yuri, Gloria Trevi, Pedro Fernández, Lucero, Luis Miguel, pero en esos años se le prestó más atención al público juvenil. Casi siempre pasaba que las canciones ya eran todo un éxito y entonces se les hacia una película, como el caso de La niña de la mochila azul (1979) protagonizada por Pedrito Fernández, ahora no solo ganó popularidad en la radio, sino que también en el cine.

¿Qué paso después? Que las estrellas crecieron y este tipo de películas se mudaron a la pantalla chica en el formato de telenovelas infantiles, donde también había muchos números musicales pero que nuevamente no tenían nada que ver con la trama.

Sin embargo, al comienzo del nuevo milenio regresó esa iniciativa de hacer cintas de comedia musical, esta vez obedeciendo los lineamientos del género, pero el público no se animaba tanto ver este tipo de producciones, entre ellas esta Mosquita muerta (2007), Rock Mari (2010) Los Fabulosos 7 (2013), que pasaron sin pena, ni gloria, hasta que en 2014 llegó ¿Qué le dijiste a Dios?, cinta que estaba destinada al éxito debido a un arma secreta (bueno, ni tan secreta) pues tendría las canciones del divo de Juárez, Juan Gabriel para contar la historia y funcionó, la cinta dirigida por Teresa Suarez logró que las personas fueran al cine y a pesar de que solo vemos a Juanga unos minutos, su esencia se siente en toda la peli.

Lo malo es que el cine gringo nos invadió, haciendo una nación consumidora de lo ajeno que ya no puede dejar de comparar un cine con el otro, cuando son totalmente diferentes. Después de todo el cine es una expresión artística y cultural, que muestra las experiencias de quien lo hace y también de quien lo ve, tal vez por eso a algunos no nos nace el gusto por esos musicales pomposos, pero que si podemos disfrutar ver la escena inicial de Nosotros los pobres (1948) cuando se interpreta el tema Ni hablar mujer entre todos los personajes o disfrutamos del drama que se avienta Luis Miguel en la película Ya nunca más (1984), esperemos que ya salgan más musicales mexicanos para dar referencias más modernas, pero hasta aquí llegó este post. Estas son mis razones por las que a muchos no les agradan los musicales pero ¿Cuál es la tuya?

No olvides visitar nuestras redes sociales y escuchar el podcast, yo soy Daniela Zulikey, te espero la próxima semana para más cosas de cine 🙂

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *