México en 1994

El arte está hecho para generar polémica, para incomodar y para visibilizar el dolor de aquellos de quienes no se habla; y la literatura en México, no es la excepción.

Pero eso no lo entendí el día que leí El Abanderado por primera vez; qué me impedía ver ese componente que al mismo tiempo me parecía tan fascinante en la trama. En un personaje con el que fácilmente me podía identificar, viviendo experiencias de cualquier chico de sexto grado, con charlas de preadolescente y travesuras clásicas que no pasan de un reporte o una sanción; pero había algo más.

Y pasaron los años y mi memoria se fue diluyendo, hasta que un día me encontré con Eusebio Ruvalcaba de nuevo, con la historia de México más fresca y un chapuzón entre líneas, me llenaron la memoria de nostalgia y las venas de emoción al entender cómo cada uno de los personajes del cuento se embonaban correctamente.

Así, el México de 1994 se reveló ante mis ojos, y de la misma manera te invito, querido visitante a que te empapes un poco con la historia que parece tan lejana y al mismo tiempo, sucede a lado nuestro, cuando la discriminación hacia los pueblos indígenas los desaparece poco a poco, la colonización invadiendo con un concepto nacionalista que desvanece y esclaviza, pues lo que empezó Cortés en 1519, terminará el día que muera el último nativo hablante y con él o ella, la última lengua, ese trozo de cultura del que nadie sabrá nunca más.

«Contra la muerte, nosotros demandamos vida.

Contra el silencio, exigimos la palabra y el respeto.

Contra el olvido, la memoria.

Contra la humillación y el desprecio, la dignidad.

Contra la opresión, la rebeldía.

Contra la esclavitud, la libertad.

Contra la imposición, la democracia.

Contra el crimen, la justicia»

Subcomandante Marcos, Entre la luz y la sombra.

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