Festín

A lo largo de la historia, la humanidad ha explorado el placer empíricamente y aunque varias disciplinas han intentado entenderlo de manera científica, no cabe duda que en cada persona la dopamina segrega cantidades diversas según una amplia variedad de condiciones.

Cabe mencionar que uno de los mitos alrededor del placer es que existe desde que nacemos, cuando un infante es amamantado, disfruta de ese momento, de ahí que el psicoanalismo declare que el primer sentido a través del que comenzamos a conocer el mundo es por la boca.

La fase oral nos muestra una parte del mundo a través de su sabor (de ahí que los bebés no dejen de meterse miles de cosas a la boca). Sin embargo, no es la única manera de disfrutar y conocer el mundo, con el paso del tiempo vamos descubriendo otras manifestaciones que nos generen placer, sea de forma visual, auditiva, táctil o incluso a través del olfato.

Cabe decir que sentirse plenos y felices no es un delito, el problema muchas veces radica en el cómo se obtiene ese placer. Pues no es lo mismo el placer que un niño pueda sentir al comer su platillo favorito, un adolescente en un concierto, un adulto en una apuesta o un anciano al ver todo lo que construyó en su vida.

Finalmente, todas esas cosas, nos generan placer. El placer no es malo y tampoco es exclusivo de la sexualidad. Es así, que la pasión al hacer una actividad que nos genere placer puede resultar muy divertida, entretenida o apasionada. Pero, ¿qué sucede cuando mi placer puede ser algo que no resulte muy sano para algún tercero?

Vaya que es una pregunta complicada, pues ha sido la búsqueda de placer lo que ha guiado muchas veces a los humanos a encontrar su lado obscuro; pues si bien, al sacrificar a una ternera puede resultar placentero para quien va a alimentarse de ella, pero puede no serlo para la propia res.

Y lo mismo ocurre con muchas cosas más, actos que cometemos segados por el egoísmo de mi placer, sin tomar en cuenta que alguien más puede resultar herido; tal vez te preguntes, querido lector, qué tiene que ver todo esto con el podcast. Pues mucho, si bien aún no has leído alguno de los libros de la saga de Hannibal Lecter, te advierto que encontrarás a un personaje que disfruta de explorar su placer con medida y reflexión.

Aunque la serie de libros es considerada de tipo policiaca, el autor hace varios viajes introspectivos con sus personajes, donde encontramos ésta analogía del placer y el acto de la socialización. Bueno, cabe mencionar que en ésta ocasión solo nos hemos referido al personaje de Hannibal, no he entrado de lleno en las novelas. Pero les dejo un poco del contexto que las rodean.

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