Eterna Navidad.

Eterna Navidad.

El ambiente frío, villancicos resonando en todos lados, aromas dulces y muchos colores; sé que suena a una escena bastante familiar, vendida y replicada constantemente. Pero no es sino un disfraz que oculta la verdadera esencia de las fiestas navideñas y en su lugar, se ha levantado una nación a base de una ideología que por la fe con la que se profesa, casi se podría traducir en una especie de religión, el capitalismo.

Y su credo se basa en el consumo desmedido. Prueba A: la clasificación de los países como  desarrollados, subdesarrollados o en vías del desarrollo se hace en medida de sus  propios avances. Prueba B: los países desarrollados y en vías del desarrollo arrastran  consigo desigualdad social en múltiples formas que recrea las formas de supervivencia  de las minorías. Prueba C: la falsa ayuda, el lenguaje orwelliano que se aprovecha de  las crisis sociales para establecer una comparativa y seguir vendiendo  descontroladamente, sueños, ideas, emociones; a través de productos y servicios; pues:

“De eso trata justamente la política exterior, de la maximización del propio interés.”

(Lakoff, 2004; 15)

Una felicidad ilusoria, donde te conformas con lo que te toca y de ti depende que en  adelante el resto salga bien. Lo mismo con toda jerarquía de poder establecida en el  sistema. A través de la romantización de la pobreza, la desigualdad social y las carencias.  

A menudo se elogia al pobre en virtud de su sentido de ahorro. Pero recomendar el ahorro al pobre es tan grotesco como ofensivo. Es como aconsejar al que se está muriendo de hambre que coma menos. […] Nadie debe estar dispuesto a demostrar que puede vivir como un animal famélico.

(Wilde, 1890)

El testimonio del sobreviviente, aquel que no se rindió, el que consiguió el éxito a pesar  de «todo». Es una manera de difuminar la realidad, porque no todos los emprendedores  parten del mismo punto y, por lo tanto, no llegan a la misma meta; aunque sus objetivos  sean los mismos, el consumo idealizado, lujos, placer y fuente de ingresos.

Podríamos hablar de un niño privilegiado que logra llegar a Harvard y de la nada decide  dejar la universidad para seguir sus sueños y levanta una de las empresas más grandes

del siglo. O bien, un joven mexicano que deja la secundaria para empezar a trabajar,  pero ni el salario es suficiente, ni las condiciones de vida y decide formar parte del narcotráfico y finalmente ambos cambian su estilo de vida.  

Cabe destacar que mientras el primero sigue sus ideales, el segundo improvisa su  supervivencia y como él muchos que viven condiciones similares prefieren vivir una  buena vida corta, a sobrevivir por mucho tiempo.

Abren la puerta al gore, entendido como un término que hace referencia al exceso de  sangre, pues se puede ejercer violencia sin tanta sangre, pero nunca al revés.  

La combinación de un capitalismo neoliberal, combinado con una sociedad en vías de  desarrollo, con una población que no solo vive en un ambiente de violencia, se identifica  con ella (humor negro, chistes machistas, violencia simbólica, etcétera) desarrolla y  fomenta una narco-cultura que produce desmedidamente.  

Concluyo con la idea de que actualmente se suscita un capitalismo desmedido, que vende  a través de lo emocional, lucra con lo que sea que se interponga (incluyendo con la  imagen del rebelde). La tecnología solo es otra extremidad, la evolución a la manera de  controlar los datos de los consumidores y a través de ellos enganchar de forma  personalizada los productos que tiene para ofrecer; haciendo una ilusión de “esto es lo  que quieres/necesitas”.

Pero solo es el resultado de un algoritmo que somete a sus ejecutores. Impidiendo de  esa manera que ellos se liberen a consciencia, pues, aunque en la palma de la mano  esté la posibilidad de derrocar a la ignorancia con una fuente inagotable de resultados, no lo hace y en su lugar, sobrecarga el sistema del portador con múltiples fuentes y  perspectivas, en un intento inútil por rastrear su verdad, queda enganchado al sistema,  comprando y adquiriendo cada vez más. Lo que genera una dependencia, manteniéndolo en la ignorancia.

A eso sumarle las condiciones económicas que dejan a los pobres más pobres y a los  privilegiados en una burbuja más reforzada que les impide ver más allá de su contención.  Y aunque ambas realidades convivan en el mismo sitio, al mismo tiempo; ninguna es  mejor que la otra, pues ambas profesan el hambre de poder.

Todo depende de cómo se diga y las prioridades que se establezcan en cada caso. Si la  condición del menos afortunado o la realidad del nuevo esclavo.

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