Encierro

La mente humana sigue siendo espacio no explorado, pues además de generar un registro de lo que conocemos, genera ideas, libera sustancias que pueden fungir como drogas naturales y muchísimo más. Es tan peculiar la manera de funcionar del cerebro que aún al día de hoy, nos sigue sorprendiendo.

Aunque la ciencia ficción y la fantasía pudieran ser muy optimistas con personajes como el Dr. Charles Xavier, Matilda o incluso el propio Aquaman, en la vida real existen muchísimas personas que atribuyen cuestiones afortunadas / desafortunadas a un poco de suerte, conspiración universal o simplemente una causalidad. Sin embargo, aún quedan misterios por resolver, como los sueños premonitorios, la intuición o los presagios.

Bien es cierto que no podemos predecir el futuro específicamente o leer la mente de alguien más, pero no habrá quien falte que haya presentido alguna catástrofe, percibir algunas intenciones por parte de alguien cercano físicamente o solo por el hecho de sentir que no te equivocas cuando recién conoces a una persona y más tarde termina siendo justo como imaginabas.

Así pues, las letras de Stephen King se alinean con pedazos de realidad y nace El resplandor; así el 5 de abril de 1974 sale el libro que le daría un reconocimiento internacional y lo sepultaría como el rey del terror. Con una manera de poder expandir varias habilidades para usar el cerebro y poder predecir desde cosas muy simples, hasta escuchar los pensamientos ajenos.

Bueno, la novela va de un profesor que ha enfrentado varios problemas en los últimos años, por los que se compromete a dejar de beber, luego de una escena de abuso hacia su hijo. Encuentra la oportunidad de escribir el libro que tanto ha soñado para conseguir el éxito que tanto sueña, al adquirir un nuevo trabajo, en un lugar fuera de cualquier cosa que lo pueda distraer.

No contaba con que el propio Overlook Hotel sería un acompañante más, que lo enloquecería con su presencia, además de que sería un detonante para despertar a los demonios que se alojan dentro del propio Jack y de quien sea necesario para saciar su hambre de sangre.

Retomando el nombre de la novela, Stanley Kubrick decide filmar su propia versión, pero si eres de los que solo han visto la película, déjame decirte que son excepcionales a su manera y por separado. Tener en cuenta la diferencia de lenguajes que implica una novela y un film es esencial para hacer crítica de ésta y cualquier película basada en un libro.

Es obvio que no hay manera de serle meramente fiel a lo que escribe el autor, además de que el director nos presentará cómo percibe la historia y que sean completamente diferentes no significa que el director no haya leído la novela; sino por el contrario, pues reestructurar una historia y generar una versión independiente a la que el autor original ofrece es una labor de bastante complejidad.

No considero muy necesario volver a darle espacio a las adulaciones que bien merece Kubrick, en cuanto a lo impecable que resulta su versión en la pantalla grande de la novela. Sin embargo una de las críticas que mucho importan a los directores, suele ser la del mismo propio escritor, para sorpresa de muchos a Stephen King no le gustó.}

Independientemente de la omisión de varios escenarios clave en la novela que debido a su complejidad narrativa serían imposibles de llevar a la pantalla, como la escena del jardín trasero, donde Danny percibe las almas de los niños que fueron asesinados en ese lugar y el peso de las almas que forman parte del Overlook, además de la lucha constante entre Jack y el Hotel, pues se trata de algo meramente interno que visual.

Situación recurrente en la actualidad con todos cuantos nos encontramos bajo la misma presión de lidiar con nuestros malos hábitos fuera de casa, como salir de copas de vez en cuando o algunos vicios que escondíamos hasta antes del confinamiento y que es muy probable que hayan terminado con nuestra paciencia un par de veces.

Así pues, la llegada del COVID-19 a nuestras vidas, llegó para tocar la puerta a nuestros fantasmas, de los que teníamos la posibilidad de escucharles, o lidiar con el efecto de la abstinencia; demostrando que la verdadera amenaza somos nosotros mismos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *