El Vago #31 – La coquita

El Vago #31 – La coquita

Para nadie es secreto que me gusta el refresco. La coquita fría con sus hielitos es deliciosa.

Pero también es cierto que hace tiempo me estaba pasando de lanza y que ahora, desde hace un tiempo también, he reducido mi consumo considerablemente.

Y es hasta mejor, porque en el momento en que la tomo cobra un valor agregado pues ya no se me hace algo tan común y puedo disfrutar de ese dulce sabor a gusto.

La coquita, gran acompañante de los puestos de comida. Ya sean tacos, tortas, hamburguesas, alitas. Quien domina la técnica de comer parado mientras con una mano sostiene el plato con sus tacos y su coquita de vidrio, mientras con la otra se lleva el sagrado alimento a la boca, puede considerarse un mexicano tragón experimentado.

Y es que, aunque nos digan locos, el sabor de este multinacional refresco cambia dependiendo de su presentación. La coquita de vidrio es de las preferidas. La de lata mantiene un poco más ese frío. Y la muy común botella de plástico ofrece la practicidad de abrir y cerrar.

Nos encanta la coquita, eso es innegable. Pero debemos moderar nuestro consumo, ya saben, el clásico mensaje de «todo con medida».

Como sea que sea, a veces se extraña el ir a la tienda por nuestra coquita retornable mientras golpeamos el envase de plástico con nuestras rodillas al caminar. Para que al volver, comamos en familia.