El Vago #21 – La radio

El Vago #21 – La radio

Si a alguien le debo el gusto por la radio es a mi papá.

Todos los días sin excepción, conectaba la radio que tenía en el patio mientras trabajaba algún coche frente a la casa. «El fonógrafo, música ligada a tus recuerdos». Todavía puedo escuchar muy claramente esa tonadita.

También recuerdo muy bien esas mañanas de ir a la escuela. En cuanto encendía la caribe blanca que teníamos, Pau, mi perrita, se ponía de inquieta. Y al escuchar el «súbete» de mi papá, ella de inmediato se trepaba de un salto. El camino a la escuela era aderezado por los 40 Principales y su programa estrella matutino, «Ya párate». A veces sus babosadas se ponían tan buenas que cuando llegábamos, mi papá se estacionaba y todavía me quedaba en el carro un rato más para escucharlas.

Las ocasiones en las que iba por mí en la tarde, nunca faltaba la radio encendida. Dependiendo del día, tocaba escuchar la ya clásica «Mano peluda» o «Leyendas de Hidalgo» en la emisora estatal. También hubo un tiempo en el que agarramos de costumbre escuchar «La Corneta» y si no, nunca fallaba ese casete blanco con canciones variadas que de tanto escuchar, ya hasta me las sabía completas.

Más tarde, cuando íbamos a esperar a mi mamá a que llegara de su trabajo, me gustaba acompañarlo mientras me llevaba algo para leer o dibujar. Pero para ser sincero, siempre terminaba escuchando la radio junto con él. La NQ de Tulancingo o Universal Estéreo eran las indicadas.

La hora de José José, Los Beatles, algún noticiero o incluso alguna estación con canciones pop en español viejitas, eran las que nos acompañaban durante esas esperas. Había ocasiones en las que la radio pasaba a segundo plano porque mi papá me empezaba a platicar alguna anécdota suya o historia.

Y sí ya era él un radioescucha fiel, lo fue aún más desde que perdió la vista. Todos los días, nunca faltaba que prendiera su radio. Primero, usaba un celular de los viejitos que con solo la tecla del centro podía prender y apagar la radio. Después le regalaron su radio rojo y de ahí fue su inseparable.

En las mañanas, en las tardes, en las noches y a veces en las madrugadas cuando no podía dormir y se sacaba de onda porque no sabía exactamente qué hora era.

Escuchaba los noticieros en la mañana, «Así las cosas» con Loret en las tardes, y de ahí nos agarrábamos a la plática política. «Espacio deportivo», con Segarra y «El Rudo» Rivera. Siempre me contaba alguna cosa o comentario respecto a ellos que lo hacían carcajearse. Y que hacían de todo menos hablar de deportes. Aunque siempre se admiró también del acervo musical de Pepe.

Ya más tardecito se aventaba «La Corneta» y por las noches «El Panda Show». En algunas ocasiones escuchaba algunos especiales musicales y me pedía que buscara las canciones para después ponérselas. Normalmente eran canciones viejitas pero que a mí también me gustaban.

Nunca soltaba su radio. Cuando me pedía salir un rato al patio, siempre se lo llevaba y se ponía a escucharlo, a menos que nos ganara la plática.

Incluso, cuando empecé a participar en el programa del INAH Hidalgo que transmitían a través de la estación estatal, él era el que siempre me escuchaba. Ya ni yo me levantaba tan temprano para eso y es que lo pasaban todos los sábados a las siete de la mañana.

Siempre tuvo comentarios buenos al respecto, que en general lo hacía bien. Y bueno, nunca me he considerado bueno en esto pero su apoyo siempre me hizo sentir bien y con ganas de seguir aprendiendo. Incluso después con otros ejercicios de voz y producción que hice por mi cuenta, siempre me hacía alguna observación para mejorar.

Si a alguien le debo mi gusto por la radio es a él. Si a alguien le debo la persona que soy, es a él. Y siempre trataré de honrar y ser una buena persona, como él siempre me enseñó.

Gracias por tanto, jefe. Gracias por todo. Hasta donde estés, donde quiera que estés. Te quiero siempre, papá.

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