El juicio de los 7 de Chicago

El juicio de los 7 de Chicago

El mundo ha sido testigo de un sinfín de movimientos sociales que han impactado en diferentes países. Tan solo si miramos lo que está sucediendo en nuestro país veremos múltiples luchas que buscan el bienestar común. El juicio de los 7 de Chicago es una película que escenifica la lucha colectiva, el racismo institucionalizado, así como la represión y el abuso policial. Conoce un poco más acerca de la historia que la inspiró.

El ganador de la academia a mejor guion por The Social Network (2010) está de regresó y para mi gusto, regresó mejor que nunca. Aaron Sorkin se ha caracterizado por sus ingeniosos guiones. Recordaras las frases más melodramáticas de la cinta A Few Good Men de 1992. Y si eres como yo, puede que la ubiques más por el nombre Cuestión de Honor. Sorkin fue la mente maestra detrás de una de las frases más memorables de la historia del cine a cargo del querido Jack Nicholson.

Ahora en 2020 nos trae un thriller judicial bastante disfrutable, con un destacable elenco y un chispeante guion. La historia nos remonta a los estragos de un hecho que de verdad paso. Una tarde de agosto de 1968, varios grupos de activistas de izquierda se reunieron para protestar mientras el Partido Demócrata andaba muy contento en su Convención Nacional. Lo que estaba planeado como una manifestación pacífica rápidamente escalo hasta convertirse en un caos, donde miles de personas resultaron heridas, mientras que otras muchas fueron arrestadas, pero solo nos enfocaremos en 7 jóvenes que fueron llevados a juicio por su papel en el violento disturbio que ocasionaron en la ciudad de Chicago.

Pero a ver, necesitamos contexto. Recordemos el 68, el año de la lucha social en distintos lugares del mundo. Que aunque tuvo grandes avances tecnológicos como la famosa llegada del internet y los planes de llegar a la luna, no evitaron ser opacados por hechos que conmocionaron al mundo y permitieron una solidaridad colectiva.

En Paris se desataba el “Mayo francés” donde estudiantes y obreros salieron a las calles a protestar, como también sucedió en México y la respuesta del gobierno fue la matanza de Tlatelolco, en Checoslovaquia se disputaba la libertad de expresión como un derecho, Vietnam atravesaba una sangrienta guerra y Estados Unidos, digamos que tenía algo que ver con ello, así como su constante lucha por los derechos civiles. El pueblo de estos países se encontraba en un punto de quiebre (algunos más otros menos) pero todos manifestaban su hartazgo mediante los movimientos sociales, los cuales funcionan para hacer visibles las problemáticas, son la voz de la sociedad, por eso son tan importantes.

La película retrata precisamente eso, el activismo de tres grupos de izquierda. Los estudiantes por una Sociedad Democrática SDS, el Partido Internacional de la Juventud (Yippies) y David Dellinger, el presidente del Comité del Desfile de la Paz de Vietnam, se preparaban para unirse a una manifestación pacífica en contra de la guerra de Vietnam. Pese a que se buscó una protesta más ordenada, el alcalde de la ciudad Richard Daley prohibió a toda costa cualquier tipo de movimiento frente al sagrado lugar, con decir que tampoco permitió que el Festival por la Vida se llevará a cabo. Eso sí, convocó la grosera cantidad de 12.000 policías, 7.500 soldados, 7.500 efectivos de la Guardia Nacional y 1.000 agentes secretos, solo para “controlar” la situación. Lo peor fue inevitable, la tarde del 28 de agosto todo se salió de control, la policía buscando instaurar el orden amedrentó a cualquier persona que no portara el uniforme. Golpes, porras y gas lacrimógeno, dejaron a miles de personas heridas y unas 600 fueron arrestadas. Se cree que la violencia vino de la policía.

La cosa habría quedado hasta ahí, pero con la llegada de Richard Nixon a la presidencia todo cambio, los republicanos no se quedarían de brazos cruzados. Esa bola de revoltosos tenía que pagar, así que el Departamento de Justicia encontró buenos motivos para para llevar a los “culpables” a juicio, el cual comenzó el 24 de septiembre de 1969.

David Dellinger, Rennie Davis, Jerry Rubin, Tom Hayden, John Froines, Lee Weiner, Bobby Seale, y Abbie Hoffman, los líderes de las principales organizaciones fueron acusados de conspirar e incitar a la violencia. Y aunque en un principio eran los ochos de Chicago, Seale, líder de las panteras negras, nada tenía que ver con todo el escándalo, demostrando el racismo institucionalizado que hasta el día de hoy todavía sale a flote. Al separar su caso, el grupo fue rebautizado como Los Siete de Chicago.

Durante todo el juicio los acusados resultaban ser el sinónimo de rebeldía e irreverencia y no es una casualidad. Las luchas sociales suelen tener esta mala fama entre las esferas del poder, su objetivo es la deslegitimación de la misma y como en este caso se intenta, perseguir y criminalizar la movilización, algo sumamente extraño pues el resultado que aspiran es mucho más positivo y transformador de lo que se les acusa.

Tras cinco meses de juicio, los siete fueron absueltos del cargo de conspiración. Cinco de los imputados fueron condenados a cinco años de prisión por cruzar las fronteras estatales con el fin de llevar a cabo el motín, además de pagar una multa de 5.000 dólares. Al escuchar la condena David Dellinger interpretado por John Carroll Lynch, dijo al tribunal «Cualquier castigo al que me enfrente en prisión será leve comparado con lo que ya le ha pasado al pueblo vietnamita, al pueblo negro, a los criminales con los que ahora estamos pasando nuestros días en la cárcel del condado de Cook».

Y lo que dijo fue sumamente cierto, la comunidad negra ha sido esclavizada, maltratada y discriminada, actualmente sigue sin gozar una igualdad al 100%. Mientras que el pueblo vietnamita fue azotado por la violencia, a pesar de los esfuerzos por ocultar detalles incomodos, el gobierno estadounidense no pudo seguir escondiendo uno de sus secretos más oscuros, la matanza de My Lai. Aunque la ciudadanía no se enteró hasta noviembre de 1969 gracias al reportero Seymour Hersh, la mayoría mostraba su descontento con la decisión del presidente Lyndon B. Johnson por desplegar su ejército a finales de 1969. Se dice que con el pasar de los meses los soldados acumulaban tensiones por estar en constante caza de un enemigo invisible, por lo que se desquitaban con los civiles. El 16 de marzo del 68, la compañía llegó al pequeño pueblo que solo albergaba civiles. En apenas cuatro horas, mujeres, niños y ancianos fueron masacrados sin ninguna distinción, dejando un saldo de 500 muertos. La noticia por obvias razones se intentó sepultar, pero se contaba con múltiples testimonios, así como fotografías de lo ocurrido. De 30 oficiales militares solo el teniente William Calley fue acusado y condenado, en el juicio no negó lo ocurrido, solo se limitó a decir que había cumplido con las órdenes de otros. Permaneció menos de cuatro años en una base militar.

Y a lo que quiero llegar es que sí, la cinta presenta en cada escena el espíritu revolucionario de los personajes, con diálogos rápido e ingeniosos nos envuelve en esta serie de eventos que escalan hasta llevarnos a la cumbre del conflicto. Llegamos sentir la impotencia de Bobby Seale al ser amordazado frente a todo el tribunal por órdenes del juez, algo que realmente pasó. Y como buena cinta hollywoodense nos emociona, remata con un mensaje inspirador, de esperanza. Nos hace sentir aquellos que creemos en el cambio no somos tan ilusos, que la lucha colectiva funciona, pero algo está mal con el sistema, este sistema que se encuentra en todos los países y que juzga a 8 hombres por cargos absurdos, pero solo juzgan a uno, cuando más de 30 son culpables de crímenes mucho peores que exigir la paz. La película funciona como una protesta a situaciones que incluso en el 20202 siguen sucediendo haciendo eco en generaciones anteriores.

Espero te haya agradado, recuerda visitar nuestras redes sociales para más información. Yo soy Daniela Zulikey, hasta la próxima.

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