Decir adiós

Decir adiós

No estoy seguro de cómo comenzar esto o siquiera sobre de qué hablar específicamente. Supongo que a todos nos causa efectos diferentes decir adiós.

En un inicio el adiós es raro, porque sabes la noticia, la estás escuchando directamente pero no alcanzas a dimensionar lo que eso conlleva. Todo de lo que, a partir de ese adiós, estás perdiendo.

Todas esos planes y deseos se esfuman. Todos esos momentos, recuerdos y cosas se te vienen a la mente. De repente no lo entiendes y quieres una explicación, saber las razones. Lo cierto es que a veces no las hay, solo así pasa. No hay motivos ocultos, explicaciones elaboradas o culpables, solo así sucede.

Pero en esos intentos de saber, te equivocas. Haces o dices cosas que no debiste tratando de rescatar eso que compartías. Y entre toda esa confusión, lo entiendes, muy a tu pesar debes hacerte a un lado. Tienes que hacerte a un lado.

Y por supuesto que la pasas mal por un tiempo, mucho tiempo. Sin ganas de nada, preguntándote por qué o buscando la manera de «solucionarlo». Y tratas de sostenerte de algo, canciones, lugares, cosas, recuerdos.

De repente pasa el tiempo, mucho tiempo, y te das cuenta de que te sientes mejor. Te das cuenta que ese cariño especial no va a desaparecer pero que tu camino debe seguir. Esto no quiere decir que deba haber una completa lejanía, depende del caso, supongo.

Decir adiós nunca es fácil, aunque siempre tenemos la opción de decir un hasta luego.

Mi amigo el vago les platicará sobre las etapas del duelo, espero les agrade.

Nos leemos después.

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