Continuando…

Continuando…

Un nuevo inicio, y a lo que era uno, ahora contamos dos, a los que ya eran dos, ahora son tres y así sucesivamente; las expectativas de acumular o evolucionar son las que nos mueven a intentar de nuevo, a corregir los errores que ya conocíamos o evitar los errores pasados.

Pero ni la historia pasa dos veces de la misma manera, ni quienes la protagonizamos somos los mismos. Y cada que la Tierra termina de dar una vuelta más al sol, creemos que es una nueva oportunidad para comenzar de nuevo, medir la orbita en días no detiene el curso de las cosas, ni altera la trayectoria de lo que está por ocurrir. 

Una serie de propósitos que solo se acumulan en la frustración de un plan que no se concreta, pero la decisión de no atragantarme las uvas para disfrutarlas mientras pienso en lo equivocado que resulta tener que lidiar con metas anuales.

Considero que innecesario explicar mis pasos o mis trayectorias; y bajo esa primicia, solo quiero tener el derecho de ser feliz o simplemente estar triste sin el peso de la duda, la curiosidad o la mirada ajena; quiero enojarme y hacer rabieta porque eso es lo que siento y eso quiero expresar, estallar en gritos de éxtasis, quiero tener la simpleza de negarme sin justificarme, quiero tener apenas las riendas de mi vida al despertar o cada vez que me niego a dormir.

Quiero escuchar las canciones de moda porque son pegajosas, usar una prenda fuera de temporada y leer la etiqueta del café, quiero silenciar el móvil, colgar cuando se me da la gana sin reproches, quiero guardar silencio, desvanecerme y dejarme encontrar.

Deshacerme de las posibles deudas morales, de las cargas que implica ser o deshacer, destruir con la imagen de lo que esperan que sea, lo que los demás quieren que haga; sustituir el deber ser por el quiero ser. Ambicionar sin culpas, aborrecer en silencio y maldecir un poco a lo que no me parezca correcto. 

Quiero reírme con desconocidos, ser amable en la calle y agradecer cualquier gesto, quiero mirar atardeceres y fotografiar mis memorias sin compartirlas con nadie, quiero olvidar el pasado sin tener que contar los años, me conformo con apenas guardar experiencias. Quiero vivir, sin pena ni conflicto por la muerte, porque si el día de hoy no despierto, no quiero arrepentirme.

Quiero abandonarlo todo y comenzar las veces que considere necesarias, pues aunque me queda claro que no seré joven eternamente, no quiero terminar estancada en la nostalgia de lo que pude haber echo, en la obsesión que carcome y arrastra a quienes amaron conmigo, tal como hace Consuelo en la inmortalidad del espíritu de Aura.

Carlos Fuentes habla de Aura.

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