Boom

Boom

Hispanoamérica, es tierra de sueños, de promesas respaldadas en la esperanza diario, donde cada año es el año de todos y al mismo tiempo, sabemos de sobra lo difícil que es lidiar con la pobreza, la carencia, la desigualdad; porque sin palancas no hay puestos, que si estás calificado, que si estás sobrecalificado y así, nos enamoramos de los sacrificios.

No es solo echarle ganas, sino tener las condiciones adecuadas para poder echarle ganas a algo fructífero en vez de ver sacos rotos, porque un plan de vida queda truncado por la precariedad de priorizar nuestras necesidades básicas. 

Y así, el imaginario constante de los hispanos que solo hacen revuelta, de los bárbaros, de los incultos; empieza a tomar forma. En países donde apenas hay tiempo de dormir, se les exige que tengan veinte minutos para leer, asumiendo que todos tienen tiempo o peor, que todos saben leer.

Y el mundo asume que los hispanos son ignorantes y poco atractivos intelectualmente porque no quieren; nadie voltea a mirar a los hispanos, las editoriales se abstienen de leerlos, no desean conocerlos; hasta que llega un grupo de  novelistas que explota en la cara de los lectores, los hace detenerse, revocan la cultura, la estrategia y el estilo.

Los lectores demandan fuertemente que quieren leer a los hispanos, que tienen más que ofrecer que solo revueltas, son más que simpatizantes o turistas en el reconocimiento, son el reflector que pone el ojo de todos en el mapa.

Lamentablemente, todo queda ahí, no logran llegar a más de cinco nombres perfectamente contables en las listas de popularidad, por su ingenio; arrollando consigo el potencial demente de los nombres ocultos en la sombra de la ignorancia del lector, que no se atreve a leer más allá de Cien años de soledad, por la comodidad de que todos sepan quién es el autor. 

“Cinco autores no resuelven la literatura de Hispanoamérica en el mundo presente, ni la renovación literaria que tiene mucho más de cinco autores y que, desde luego, además de novelistas, tiene, sobre todo, poetas, porque lo que es imperdonable en el presunto boom es que son nada más que novelistas y jamás poetas, entonces ocurre este hecho único, que Julio Cotázar está en el boom, pero no está Octavio Paz.”

Shelley, J. Augusto.

Y lo peor, es que ésta misma escena se replica constantemente, en todo tipo de arte que se hace en Latinoamérica, aun con tantas posibilidades, el ingenio de varios artistas queda en manos de las posibilidades de distribución, la conquista de las editoriales y el respaldo de la academia; mucho más allá del talento o el potencial del propio autor.

El día de hoy, con la sobreexplotación de los espacios digitales, muchos se pierden bajo el arroba de un username y el anonimato en el mar de todo el contenido que se nos presenta en el constante swipe, un escritor de redes sociales, es diferente a uno de wattpad, pero ninguno tendrá oportunidad contra los que ya tienen un nombre echo, pues mientras que ellos puedan publicar cualquier cosa y seguirán siendo los mismos genios, el resto, no puede darse ese lujo. 

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